sábado, 20 de octubre de 2012

Capítulo 7


A Lucas le sucedió exactamente lo contrario. Llegó a su casa a la carrera y jadeando. Sus padres se sorprendieron al verlo en ese estado y le preguntaron si le había pasado algo pero él lo negó todo y subió a darse una ducha antes de dormir.
En cuanto estuvo encima de la cama, le fue imposible conciliar el sueño. Cada vez estaba más seguro de que le gustaba Lena de una manera especial, de que había sido así desde el primer momento en que la vio, desde la primera palabra que intercambiaron. No temía sufrir un desengaño. Sabía reconocer sus propios sentimientos y conocía a la muchacha. Aunque hacía menos de tres semanas que la había visto por primera vez, se daba cuenta de que era una persona maravillosa, además de tímida.
Se daba cuenta de que ella no parecía para nada interesada en él, pero era lo de menos. Con ser su amigo se conformaría. Si ella era feliz de esa manera ¿quién era él para querer cambiarlo?
Quería contárselo a alguien. Decirle lo maravillosa que era Lena, decirle lo bien que se sentía estando a su lado, lo que daría por ver su preciosa sonrisa a todas horas.
Cogió su móvil de la mesilla  y cuando ya empezaba a marcar un número que se sabía de memoria, se detuvo. Eran más de las tres de la madrugada… Cualquier persona estaría durmiendo sin ninguna duda. Aunque no se contuvo a enviarle un SMS a su mejor amigo, Connor. Le dijo que lo llamaría mañana y que estuviera atento. Devolvió el móvil al lugar en el que estaba en un principio y se tapó la cabeza con la manta.
Más de media hora más tarde, seguía despierto. Cuando admitió que no se dormiría, se levantó y, tras comprobar que la puerta de su habitación estaba bien cerrada, encendió el televisor de los pies de la cama y le bajó el volumen. Introdujo un videojuego de fútbol en la videoconsola y empezó a jugar, tras arroparse con el edredón.
Una hora después, con unos cuantos partidos ganados y los ojos rojos, apagó el televisor. Se tumbó y bostezó. Cogió los auriculares pequeños del cajón de su mesilla y los conectó a su mp3.
La música lo ayudó a dormir. Fue como un bálsamo para su alterado corazón.
Se despertó bien entrada la mañana. Se desperezó y volvió a taparse hasta arriba. Sintió que algo se le clavaba en la cara y se apartó. Con los ojos todavía entrecerrados apreció que eran sus cascos. Los dejó en la mesilla después de desenredarlos cuidadosamente.
Se levantó de la cama, todavía en pijama y se puso unos gruesos calcetines. Ni siquiera se peinó.
-¡Buenos días!-lo saludó su padre, que leía el periódico en la mesa de la cocina-Pensé que habías entrado en estado de hibernación…-consultó su reloj-No te veía dormir tanto desde que eras un bebé.
-Estaba cansado-se disculpó Lucas.
-En cambio tu hermano Thomas… Siempre ha sido un dormilón. Pero hoy le has ganado.
-Me merezco un premio-sonrió.
-Cuenta con él.
-Hoy a lo mejor salgo por la tarde-avisó a su padre.
-¿Con las chicas de ayer?-lo miró fijamente mientras esperaba una respuesta.
-No, creo que iré solo.
-Como quieras… ¿Ya has estudiado?-frunció el ceño.
Lucas asintió.
-Bien hecho.
Antes de que Lucas pudiera añadir algo más, la puerta principal se abrió y entraron la madre y la hermana del chico, cargadas con bolsas.
-Podéis ayudarnos-voceó la pequeña.
Lucas se acercó y le arrebató unas cuantas bolsas para dejarlas en la cocina.   

***
Lena se despertó de buen humor. Todo le parecía bonito aquella mañana, las nubes grises eran más blancas y esponjosas de lo habitual, el viento le parecía una brisa dispuesta a mecerla como si fuera una madre que acuna a su hijo.
Se levantó de un salto y se metió en la ducha. En cuanto salió, caminó de vuelta a su habitación, bien envuelta en el albornoz. Le dio al botón de encendido del ordenador y mientras se iniciaba se vistió. No se paró demasiado en su atuendo, ya que si salía se cambiaría. Puso música a un volumen bajo y fue hasta la cocina. Se preparó un café con leche y cogió unas magdalenas. Se las llevo a su habitación y comió mientras escuchaba una canción romántica y lenta. Sin saber porqué, se sintió identificada. Normalmente no le gustaban, las prefería de cualquier otro tema, pero esa vez le pareció perfecta. ¿Tendría algo que ver Lucas? ¿Podía hablar de amor? No, todavía no. No tenía nada claro y no pensaba adelantarse en los acontecimientos ni ilusionarse. Eso lo tenía muy presente en cada uno de sus encuentros con el chico.
Dejó el vaso al lado de la cama en el suelo. Miró la pantalla de su teléfono. La parte superior, donde debía brillar una notificación con cada mensaje o llamada perdida, estaba iluminada. Lo desbloqueó y le sorprendió ver el nombre de Lucas en la pantalla. Sintió que un escalofrío la recorría. Le temblaban los dedos sobre la pantalla al tratar de pulsar abrir y, sin pretenderlo, pulsó el botón de ``Agenda´´. Alterada, pulsó con tanta fuerza el botón para retroceder que casi lo arranca.
En cuanto abrió el mensaje, lo leyó varias veces hasta comprenderlo.
Lucas le decía si quería quedar con él esa tarde. Sonrió.
Se moría de ganas de decirle que sí pero tenía que preguntar a sus padres primero. Se obligó a esperar. El tiempo se le hizo eterno hasta que los escuchó levantarse. Salió corriendo de su habitación.
-¡Buenos días!
-Hola, Lena-dijo entre bostezos su padre.
-Tengo que…haceros una pregunta.
-A ver…-suspiró su madre mientras se colocaba el pelo con ambas manos.
-Lucas me mandó un mensaje… Me preguntó si puedo ir a dar una vuelta esta tarde…
-¿Qué le has dicho?-preguntó su madre.
-Aún nada…
-Como quieras, cariño-le dijo su padre.
-Es que salí ayer…
-Puedes ir dos días seguidos-se rió su padre.
-Le diré que sí-concluyó.
Tecleó con rapidez, diciéndole que estaba de acuerdo y preguntándole a que hora.
La respuesta de Lucas tardó apenas dos minutos. Le propuso quedar en su casa, a las cinco. Lena preguntó de nuevo a sus padres que no tuvieron ningún problema en decirle que sí.
La chica subió a su habitación como una exhalación y conectó las planchas que rara vez usaba. Tardó media hora en que su pelo le gustara. Miró el maquillaje que le habían regalado sus tías hacía un año. Lo abrió con delicadeza y observó los distintos tipos de colores de ojos y labios. Decidió separar los cosméticos que usaría para maquillarse después. Empezó seleccionando un rimel bastante discreto y terminó con un poco de brillo de labios.
También se molestó en coger una ropa algo favorecedora. La dejó lista para cuando terminara de comer. Se acaba de pintar las uñas de un discreto color rosa para cuando su madre la llamó para comer. Bajó con las manos extendidas de tal manera que parecía un pato. Su padre no pudo evitar reír pero tenía el ceño fruncido. Le gustaba que su hija tuviera un amigo pero no quería que ella sufriera. La mayoría de los chicos que veía por las calles eran unos completos impresentables y todavía no se fiaba de Lucas.
-¿Qué pensáis hacer?-se interesó su madre durante la comida.
-Ni idea-reconoció ella, avergonzada.
-Ya me encargo de preguntarle yo cuando venga…-dijo el hombre, crujiendo los dedos.
-Papá, creo que le das miedo… Me lo comentó el otro día…
-Más miedo le daré si se atreve a tocarte un pelo.
Lena no se molestó en responder. En cuanto comió, se ofreció a fregar, pero su madre no la dejó, por lo que Lena empezó a arreglarse. Se vistió con calma y se observó en el espejo. Suspiró hondamente y trató de no pensar, sabía lo que pasaría. Se aplicó el rimel y un poco de sombra de ojos. Descartó el brillo de labios. Puso a cargar el móvil. Miró el reloj, para darse cuenta de que faltaba más de una hora. Colocó sus libros. También ordenó el escritorio, guardando en el primer cajón los folios y otro tipo de materiales y en el segundo y tercero los libros y libretas. Para cuando concluyó, seguí faltando media hora. Gruñó y cogió el libro. Milagrosamente, el tiempo se le pasó más rápido, y ni siquiera se enteró cuando el timbre de la puerta sonó. Su madre subió y llamó quedamente antes de entrar a su habitación.
-Tienes al chico con los ojos más bonitos que he visto esperándote abajo.
Lena sonrió y cerró el libro. Desconectó el móvil y siguió a su madre.
Lucas parecía incómodo cuando lo vio, de espaldas.
-Ya estoy…-no supo como pudo tartamudear. ¡Dos palabras y tenía que tartamudear! Enrojeció un poco pero agachó la cabeza para que no se notara, ya que el pelo le cubría el rostro.
-Le estaba diciendo a tu padre que pensaba llevarte a tomar un helado o al cine… O a donde quisieras…-le dijo, sin mirarla directamente.
Tras unas cuantas indicaciones de que no volvieran demasiado tarde y unas cuantas miradas cómplices entre ellos, el padre de Lena los dejó marchar.
Antes de que se dieran cuenta, ya estaban fuera, caminando muy cerca el uno del otro.
Lucas respiró hondo y dijo:
-Estás muy guapa.
-Esto… gracias-en esos momentos Lena no podía más. Estaba a punto de explotar de vergüenza.
-Me gusta como te queda el pelo liso-se acercó y le colocó un mechón. Se quedó rígido unos segundos esperando que ella lo apartase de un manotazo pero se relajó al ver que no había matado.
-A mi madre le gustan tus ojos-soltó ella-Y a mí, claro-soltó una risita histérica-Son preciosos.
Estuve tentado de replicarle que ella sí que era preciosa pero se contuvo. Prefería ir despacio.
-¿Quieres ir al cine?-inquirió ella, solo para cambiar de tema.
-Me da igual. ¿Echan algo que nos pueda gustar?
-Hay una comedia que dicen que es muy buena, una romántica, tres de terror…-enumeró.
-A la que quieras-dijo él. Otro chico se habría aprovechado de esa cartelera y la habría llevado a la de terror para que se asustara y se acercara más a él, pero Lucas no pensaba comportarse así, jamás.
Esa mañana había hablado con Connor, que le había ayudado bastante. Él le había dicho que no saliera solo esa tarde, que la llamara, que no se parara a pensar sobre sus sentimientos, que simplemente se los confesara.
Conversaron durante todo el camino y, cada palabra que salía de la boca de Lena, conseguía enamorarlo un poco más.
Entraron y miraron los horarios. En un cuarto de hora empezaban varias películas. Se decidieron por la de aventuras. Compraron palomitas y refrescos antes de entrar. Se sentaron. En cuanto las luces se apagaron, Lena empezó a sentirse nerviosa. La sobresaltó la música del indicio de la película. Apenas se podía concentrar. Estaba lo bastante cerca de Lucas para oler su colonia y sentir su respiración.
Se relajó en un par de minutos. La presencia del chico la terminaba calmando siempre, le producía confianza, la hacía sentir diferente.
-Lucas-susurró en medio de la película, en el mismo momento en que un coche saltaba por los aires.
Esperó unos segundos antes de darse cuenta de que no la había oído.
-Lucas-repitió, esta vez más alto.
Él se giró y su cara quedó apenas separada por unos milímetros de la de Lena. Sintió ganas de besarla. ¿Lo hacía y se arriesgaba? La respuesta llegó sola mientras ella se echaba para atrás.
-¿Te quedan palomitas?-le preguntó.
Lucas le pasó el paquete entero, diciéndole que no quería más. Ella se lo agradeció con una sonrisa apenas perceptible en la oscuridad.
La película tuvo un final bastante predecible aunque ninguno de los dos se quejó. Se levantaron y salieron. Lena se estiró como un gato.
-Será mejor que vayamos a casa, mañana hay clase-suspiró, no quería que el día acabase.
Lucas sonrió para si mismo: la volvería a ver. Si por él fuera, se pasaría el día a su lado, tratando de conocerla mejor. Entrecerró los ojos por el exceso de luz a la salida.
-Me ha gustado la película…-dijo ella. Era mentira, pero había disfrutado sintiéndolo a su lado.
-Y a mí. Tenemos que repetir la experiencia.
-Desde luego-susurró. Se estaba empezando a dar cuenta de que no tenía remedio. De que empezaba a necesitar a Lucas como necesitaba respirar, o comer y beber. Pocas cosas conseguirían que se alejara de él.
Siguieron caminando juntos, con una sonrisa boba extendiéndose por su rostro. 

viernes, 12 de octubre de 2012

Capítulo 6


Lena se acercó, nerviosa. Lucas estaba… guapo. Sólo lo podía describir de esa manera. Llevaba el pelo cuidadosamente peinado. Se había puesto un suéter azul marino, que resaltaba de una forma espectacular sus ojos. Sus vaqueros desgastados le daban un aire atrevido. En cuanto vio a Lena, sonrió. 
Lucy y Anne ocuparon su atención porque sacudieron sus manos, instándola a que llegara cuanto antes.
-¡Ya pensé que no llegabas ni mañana!-protestó Anne, a modo de saludo.
Lena le dirigió una falsa mirada de odio.
Lucas permanecía callado y evitaba la mirada de Lena.
-Venga, vamos, que si llegamos muy tarde ya no habrá sitio-apresuró Lucy.
-¿Quién va a haber un sábado por la noche?-le gruñó Lena, mirando de reojo a Lucas.
-¿Gente con ganas de cenar?-ironizó su amiga.
Caminaron perezosamente hasta el local. Lucy y Anne dejaron, con gran sutileza por su parte, a Lena y Lucas ligeramente retrasados.
El chico reunió el valor suficiente para iniciar una conversación:
-¿Cuál es tu sabor de pizza favorito?
Lena se quedó helada. ¿Le preguntaba por la pizza?
-El mío es el de barbacoa, sin duda-continuó el joven, perdiendo ánimos según iba hablando.
-Yo…no me gusta la pizza-concluyó la chica.
-¿No te gusta?-se sorprendió él, observándola atentamente por primera vez en esa noche para averiguar si mentía.
-No, me parece… demasiado artificial. Prefiero los platos cocinados con más esmero…-se explicó.
-Hay pizzas caseras-repuso él.
Lena se encogió de hombros.
-Siguen sin gustarme-explicó.
Lucas sacudió la cabeza.
En ese breve espacio de tiempo, habían alcanzado la puerta de la pizzería.
Abrieron la puerta y entraron. Lena se sintió aliviada ante el reconfortante calor. Fueron hacia el fondo sin dudarlo. Las mesas eran circulares y bastante grandes, ya que estaban acostumbrados a grandes reuniones de clientes, sobre todo, jóvenes. Ese día no había demasiada gente, cosa que Lena agradeció en silencio.
Lena evitó a propósito sentarse al lado de Lucas, por lo que se colocó al lado de Lucy. Suspiró al mirar a su amiga.
-¿Qué pedimos?-se adelantó Annie, observando la carta.
-Tal vez si nos la dejas ver…-refunfuñó Lena.
La chica entrecerró los ojos y le lanzó la carta. La carta rebotó en la mesa y estuvo a punto de caer al suelo, justo antes de que Lucas la cogiera al vuelo. Se la pasó a Lena con delicadeza.
-Elegid vosotros-tras unos minutos, dejó el menú en el centro de la mesa, por lo que Lucas la cogió.
-Lo mismo digo-tardó menos de un minuto en afirmar.
Al final, se decantaron por una pizza de jamón y queso y una pizza cuatro estaciones. Les trajeron cuatro grandes vasos de Coca-Cola con un montón de hielo. Las pizzas tardaron menos de veinte minutos en aparecer, recién salidas del horno.
Lena no pudo negar que no tenían buen aspecto y desprendían un olor exquisito. Todos estaban hambrientos y, entre bromas, tardaron menos tiempo del esperado en terminar de cenar.
-Estoy llena-suspiró Lena, apartando su plato hacia delante.
-Yo también. Seguro que esta noche no puedo dormir del dolor de tripa-se quejó Lucy.
-No comieras tanto-repuso Annie-¡Tragona!-acusó.
Lucy hizo el gesto de relamerse, provocando la risa de sus amigos.
-Pareces un gato drogado-se burló Lena, entre risas.
-Los gatos se relamen así-se defendió Lucy.
-No.
-Mi abuela tenía un gato y hacía así. El pobre era muy mayor cuando murió… Lo atropelló un niño con una bicicleta-explicó, en tono pensativo.
-¿Y murió de eso?-se interesó el chico.
-No, del golpe solo se le rompió una pata. Pero luego, con la pata rota, quiso subirse a un árbol y el pobre se cayó y murió.
A Annie se le escapó una risita.
-¿Te hace gracia?-se enfadó su amiga.
-Un poco sí…-dijo, riendo más abiertamente.
-Eres idiota-le lanzó una servilleta convertida en una bola de papel a la cabeza, para reafirmar sus palabras.
-¡Oye!-protestó su amiga.
Lena estaba disfrutando realmente con ese divertido encuentro. Lucas no la había molestado demasiado en el transcurso de la noche y la pizza estaba mejor de lo que esperaba.
-Ay…-se quejó Lucy al ver que los dueños del restaurante empezaban a recoger para cerrar.
-Tenemos que marcharnos-confirmó Annie.
Se levantaron y juntaron el dinero para pagar.
-Odio vivir en el otro extremo del mundo-se quejó Lena.
-No vives en ``el otro extremo del mundo´´-aprovechó para replicarle Lucy.
-Queda lejos…
-Llama a tus padres para que te vengan a buscar, boba-le sonrió Annie.
-No están en casa…
-Si quieres llamo a mi padre para que nos venga a buscar-ofreció Lucas.
-No hace falta-rechazó ella.
Lucy y Annie se dirigieron una mirada de complicidad. Lena se subió el cuello de la chaqueta y miró hacia otro lado. No quería molestar a sus padres, ya que nunca salían y ella se sentía culpable. Tendría que ir caminando. O corriendo, por culpa del miedo de ir sola. Suspiró. Por lo que parecía, la noche no iba a terminar todo lo bien que había pensado.
-Yo te acompaño, entonces-Lucas la miró con insistencia hasta que ella le devolvió la mirada.
-Lucas, no hace falta-su tono fue lo bastante duro para conseguir que el chico mirara hacia otro lado.
-Me da igual lo que digas-susurró.
Ella se mordió el labio inferior.
-¡Nosotras nos vamos!-corearon Lucy y Annie.
Se acercaron para despedir a sus amigos.
-Suerte-murmuró Lucy, apretándole con fuerza el brazo.
Lena puso los ojos en blanco. Lucas esperó hasta que las chicas desaparecieron tras la esquina más cercana.
-Bueno… ¿vamos?-le preguntó con su voz grave.
-Yo me voy, tú…no lo sé-respondió, arisca.
-¿Sabes que tenemos que ir por el mismo camino al menos un buen trozo, no?-se burló ligeramente.
Ella enrojeció sin objetar más. Echaron a andar.
-Lena…-llamó en voz baja.
-¿Qué?-preguntó sin mirarlo.
-¿Tienes algún…problema conmigo?-se decidió a terminar la frase.
-No.
-Es que me tratas… como si te molestara todo lo que hago y yo sólo quiero ser tu amigo. Ya sé que eres tímida pero no entiendo porqué…
-Lucas, calla, por favor-su voz sonaba tan cansada que él se detuvo enseguida.
-Sólo quería decirte que lo siento si te he molestado en algún momento, que no era mi intención y que…nada más.
-Lucas… No te sientas mal por mi culpa ¿vale?-se acercó un poco para que viera que le estaba sonriendo.
Apenas hablaron más. En cuanto llegaron a la bifurcación en la que sus caminos se dividían, Lena se detuvo un segundo para mirarlo y tratar de despedirse.
-Déjame acompañarte. Si te pasase algo, tus padres me matarían-no añadió que él se odiaría si sucediera.
Se encogió de hombros.
-¿Haces algo mañana?-le preguntó.
-¿Estudiar?-se rió.
-¿Hay examen?-se sorprendió Lucas.
-No, pero yo estudio a diario.
-Yo… no-admitió.
-Lucy y Annie piensan que soy rara por eso. A mí me gusta estudiar.
-¿Qué carrera universitaria quieres hacer?
-No lo sé… Tengo algunas ideas pero no sé si me dará la media-suspiró.
-Si estudias a diario, estoy seguro de que sí.
Cuando estuvieron delante de la casa de Lena, ella sacó sus llaves. No le parecía bien dejar al chico allí después de que la hubiera acompañado, con el frío que hacía. Aunque si llegaban sus padres…
-¿Te apetece pasar un rato?-le preguntó distraídamente a la vez que entraba y encendía la luz para poder ver mejor.
-No, será mejor que vuelva pronto…-se frotó las manos.
-¿Quieres tomar algo caliente? Mis padres estarían de acuerdo en que pasaras antes de que nos congeláramos los dos-añadió al ver que Lucas se debatía en el umbral de la puerta.
Él aceptó y le dijo que avisaría a sus padres de que aún tardaría un rato. Lena dejó a Lucas en la entrada hablando por teléfono mientras iba a guardar su abrigo y se ponía una cómoda sudadera y unos pantalones de chándal. Se miró en un espejo del pasillo y se retocó la coleta que acaba de hacerse, preguntándose si había hecho lo correcto invitando al chico. 
Lucas se quedó paralizado al verla bajar por las escaleras. Pensó que era preciosa. Con el pelo retirado del rostro y esa ropa tan informal. Apartó la mirada, tratando no parecer descarado.
-Siéntate en el salón mientras preparo un café o algo.
-No, te acompaño.
La siguió hasta la cocina y se sentó en una silla, con familiaridad.
-¿Café?
Él asintió. Lena preparó todo y se sentó a esperar mientras el líquido se calentaba.
Lo sirvió en dos tazas y fue bebiendo la suya a pequeños sorbos. Lucas la sostuvo entre las manos, mirando fijamente el contenido.
-No está envenenado…-se atrevió a bromear-Es posible que no sea el mejor que hayas probado pero es lo que hay.
Él se decidió a tragar un poco.
-¿Aún estás leyendo…?
-¿Corazón de tinta?-se adelantó a la vez que un mechón de pelo se salía del recogido y le caía sobre la cara, de un modo que para Lucas resultó adorable-Sí. Ven, lo tengo arriba.
Se levantó y esperó a que el chico la siguiera. Mientras subían las escaleras, ella tropezó en el escalón que estaba suelto y Lucas la sostuvo, justo antes de que se diera de morros contra las tablas de madera.
-Gra...gracias-tartamudeó, colorada.
-Deberías arreglar ese escalón. A lo mejor para la próxima no estoy para sujetarte-le guiñó un ojo, pero ella no lo observaba en ese momento.
Entraron en la habitación de Lena. Como siempre, todo estaba en su sitio y perfectamente ordenado.
Lucas observó con detenimiento la gran estantería a rebosar de Lena. Sacó alguno y lo examinó. De vez en cuando, Lena hacía algún comentario sobre las buenas descripciones o la maravillosa trama.
-Algún día te tengo que hacer una visita con más tiempo para que nos recomendemos lecturas.
Ella asintió y se acercó a la cama y cogió la funda de su portátil. Lo sacó para encenderlo.
-Mejor me voy…-susurró Lucas. No quería marcharse. Se sentía a gusto en esa casa tan acogedora, con Lena al lado, rodeados de libros.
Ella no le insistió para que se quedara.
-¿Nos vemos el lunes?-preguntó él ya en la puerta.
-Claro.
En cuanto él se marchó, colocó el pestillo. La aterraba quedarse sola en casa. Fregó las tazas que había utilizado y regresó a su habitación. Buscó una película para ver en el ordenador. Mientras esta cargaba, aprovechó para ponerse el pijama y lavarse los dientes.
Se metió en la cama y reguló el volumen de los altavoces. Cuando quedó complacida, apagó la luz. No tardó demasiado rato en dormirse. 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Capítulo 5


Lucas se despertó temprano. Le apetecía seguir durmiendo pero no debía. Si quería salir esa tarde, tenía que hacer los deberes y estudiar. Con un suspiro, se levantó. Se acercó a la silla del escritorio y cogió una camiseta larga y holgada y unos pantalones de chándal. No tardó más de cinco minutos en ducharse. Se secó un poco el pelo con una toalla antes de bajar a desayunar. No le sorprendió que no hubiera nadie levantado.
Regresó a su habitación y encendió su ordenador. En el rato que tardó en encenderse se dedicó a hacer unos garabatos en la última hoja de su libreta de Matemáticas. Cargó el navegador e introdujo su servidor de correo electrónico. Lo revisó. No tenía nada.
Suspiró. Entró en otra red social. Tenía varias peticiones de sus nuevos compañeros. Fisgando en sus perfiles encontró a Lena. No dudó más de un segundo en guiar el ratón hasta el botón de ``Agregar amiga´´. Esperó impacientemente hasta que comprobó que la chica todavía no lo aceptara. Se desconectó con resignación y se concentró en sus ejercicios. Aunque oyó a cada uno de sus hermanos y a sus padres, no se movió. A media mañana algo lo sobresaltó, cayendo sobre su regazo. Miró con reproche al gato. Lo apartó pero este siguió restregándose alrededor de él y tratando de trepar a su regazo. Lo cogió en los brazos y salió.
-¡Angie!-gritó-Coge a tu gato-se esforzó en remarcar el posesivo.
La niña apareció un par de minutos más tarde.
-¿Qué te pasa?-puso los ojos en blanco.
-El gato, que se me ha metido en la habitación.
-¿Y qué? ¿Te ha atacado?-se burló su hermana.
-Sabes que no me gusta que aparezca de la nada cuando estoy haciendo los deberes-se lo puso en los brazos.
-¡Mamá!-gritó ella en cuanto Lucas se giró-¡Lucas dice que Marvin le molesta!
-¡Lucas!-les llegó la voz de su madre desde el salón-¡Deja a tu hermana en paz!
-Si aún tengo yo la culpa…-refunfuñó.
Cerró la puerta de su dormitorio, demostrando así que no quería que lo molestaran.
Antes de mediodía ya tenía todo terminado. Guardó las cosas en la mochila y decidió que  ya no la abriría hasta el lunes.
Miró su móvil. Todavía no lo habían llamado. ¿Se olvidarían de él? Cogió la guitarra en un intento de distraerse. Silbó una melodía lenta mientras rasgueaba unos acordes no demasiado bien realizados.
-¡Lucas! Haz el favor de venir a comer-lo llamó su madre desde la puerta.
El chico asintió y apagó la pantalla de su ordenador de sobremesa. Se levantó y siguió a su madre.

***
Lena recibió un mensaje de Lucy en el que le indicaba la hora a la que habían quedado. Le pidió que avisara a Lucas, que a ella no le apetecía. Era una excusa para hablar con él lo menos posible. El suceso del día anterior permanecía muy claro y vívido en su mente. ¿Podría suceder eso cada vez que Lucas y ella se tocarán? Si un simple roce le producía esos sentimientos tan intensos ¿qué haría un abrazo? ¿Y un beso? No quería ni pensarlo. Sabía que no podía encontrar una excusa para quedarse en casa esa noche. Además, no lograría evitar a Lucas eternamente. Sería mejor que afrontara los problemas de frente, por una vez en su vida. Les demostraría a todos que podía ser valiente. Les enseñaría quien era Lena Britt.
No podía echarse atrás. No podía dejarse vencer, dejar de ser fuerte. Lena se quedó unos minutos pensando: ¿podía dejar de ser fuerte alguien que nunca lo había sido? Si más débil pero no era lo mismo.
-Lena, ¿te encuentras bien?-le preguntó su madre la tercera vez que pasó delante de ella al comprobar que su hija llevaba más de veinte minutos observando fijamente sus manos.
-Sí, sólo…pensaba-se disculpó con una sonrisa.
Su madre no se atrevió a decirle nada. Lena nunca había hecho cosas así. En ese tema, su marido y ella eran primerizos. Su hija siempre fuera extraña, solitaria, tímida… Ahora parecía que se empezaba a comportar como debería haber hecho hacía mucho tiempo.
-Mamá…-llamó en voz baja-Esta noche voy a salir con Lucy, Annie y Lucas. No vendré a cenar.
-Eso es genial, Lena-la felicitó su madre-¿Os lleváis bien con ese chico?
Lena asintió, distraída.
-¿De dónde dijiste qué era?
-Gloucester. Y en realidad, no lo he dicho.
-Ya me parecía que no me sonaba que hubieras…-empezó. Se calló repentinamente y observó con aire crítico a Lena.
-¿Qué?-se revolvió incómoda, casi enrojeciendo.
-Tenemos que hablar.
-¿He hecho algo mal?-le preguntó con nerviosismo.
-No, por supuesto que no…-se apresuró a calmarla-Quería preguntarte por Lucas.
La chica tragó saliva e hizo un gesto con la mano, indicándole que continuara.
-¿Te gusta?-le soltó sin miramientos.
La sangre se agolpó en el rostro de Lena.
-Esto… ¡mamá!-exclamó. Se sentía atrapada-No, de verdad que no, lo conozco de hace una semana… ¿Cómo voy a…?-se detuvo.
-¿Alguna vez te he contado la historia de cómo me enamoré de tu padre?-Lena negó con la cabeza y dejó proseguir a su madre-Teníamos poco más de 19 años. Nos conocimos en una feria de la ciudad. Yo tropecé con él y lo manché de helado-rió-Recuerdo que en vez de enfadarse, empezó a bromear. Estuvimos toda la tarde hablando. Y supe que me había enamorado.
-Mamá, lo vuestro fue diferente…-desvió el tema.
-Ya veo que no me lo quieres contar-cortó.
-Es que no hay nada que contar-protestó.
Su madre la dejó sola. Lena bufó. No le había gustado ese pequeño interrogatorio por parte de su madre. No tenía claro lo que sentía por Lucas ¡cómo para decírselo a ella!
Pensó en encerrarse en su habitación pero eso solo le habría confirmado a su madre sus sospechas.
Cogió una libreta y bajó el salón.
Quería disimular. Empezó a dibujar. Primero, unas flores. Continuó con un dibujo de un pequeño gato y terminó con un paisaje en el que aparecía un puente.
-¿No tienes deberes para hacer?-le preguntó su padre.
-Unos pocos…Pero no me apetece ponerme ahora.
-Está bien-se relajó su padre-Son cosas normales en gente de tu edad…-parecía bastante sorprendido y a Lena casi le entró la risa.
-¿Te apetece ir de compras?-le preguntó su madre en cuanto entró en la habitación-Como madre e hija...
Lena se encogió de hombros. No le costaba nada complacer a su madre.
-Puedes vestirte más…arreglada-musitó como si tuviera miedo de la reacción de su hija.
Esta se encogió de hombros y aceptó con una inclinación de cabeza. Subió rápidamente y examinó su armario. Estaba repleto de vaqueros desgastados, camisetas y sudaderas anchas. Cogió un  jersey que a su madre le gustaba y sus vaqueros más presentables. En menos de cinco minutos se vistió. Su madre la esperaba abajo.
-¿A qué hora has quedado?-le preguntó mientras salían por la puerta.
-Dentro de…-hizo una pausa para mirar el reloj-Dos horas.
-¿Quedasteis en el centro?
Lena afirmó con la cabeza.
-Entonces ya puedes quedarte ahí y yo llevo las cosas a casa. O llamo a tu padre para que venga a buscarme. ¿Qué te apetece comprarte?-le preguntó.
Lena contuvo el impulso de pedirle que fueran a mirar CD´s o libros.
-Mejor miramos por ahí-le dijo al ver que no contestaba-Están muy de moda las chaquetas negras-comentó.
Lena se limitaba a decirle que sí, distraída. Nunca le había gustado mirar ropa.
En el centro, se acercaron a las tiendas. Aunque había un centro comercial unas cuantas calles más abajo, a la madre de Lena siempre le gustaban más las tiendas pequeñas. Decía que allí era donde se encontraban las cosas más bonitas y a mejor precio.
Su madre entró en una y empezó a mirar zapatos. La mayoría, eran descalzos y con tacón. Lena miró con afecto sus botas de pelo marrón. No podía imaginarse quitárselas, se moriría de frío.
Después de esa tienda, miraron chaquetas. Elise no dejó en paz a su hija hasta que logró comprarle un abrigo nuevo, de color negro.
-¡Estarás guapísima con él!-le sonrió.
Lena le devolvió la sonrisa.
La tarde se les pasó antes de lo esperado.
-¿Te acompaño hasta el lugar donde habéis quedado?
-No hace falta… ¿Vas a llamar a papá?
-Sí, no te preocupes. ¿Te molestaría mucho que fuéramos a cenar fuera, ya que no estás?
-Qué va, mamá. Id, por favor.
-Si te retrasas, llama. Y si te pasa algo, claro-le dio dos besos-Y no vengas sola a casa, que te acompañe Lucas. Si aún no hemos llegado, cierra con llave.
-Sí…-a veces le exasperaba que su madre se preocupara tanto por ella.
Echó a andar. Para ser sábado, no había demasiada gente. La mayoría de chicos y chicas de su edad que salían, lo hacían por las afueras. Sacó su móvil del bolsillo y miró la hora. Al menos, no llegaba tarde. Según caminaba, se iba poniendo más nerviosa. ¡Iba a ver a Lucas! Era probable que él ya estuviera allí, sonriendo y buscándola con esos ojazos… Se acercó la mano derecha a la boca y comenzó a morderse las uñas.
Llegó al lugar donde habían quedado. ¿No estaban? En la distancia, divisó a Annie, a Lucy y a Lucas…
Un largo rato la esperaba. Solo esperaba no meter demasiado la pata. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Capítulo 4


El viernes llegó antes de lo esperado para Lena. No habló demasiado con Lucas esa mañana, aprovechó para estar con Annie y Lucy mientras el joven charlaba con Alan y su séquito, con algún acercamiento por parte de Rose.
Sus amigas le insistieron en que pospusiera su cita con Lucas, pero ella insistió en hacer el trabajo cuanto antes. Ambas desistieron, sabían que cuando Lena se empeñaba en algo así, no cambiaba de opinión por nada.
Lucas no siguió a Lena a la salida. Le costó deshacerse de Alan, que quería que lo acompañara a dar una vuelta. El chico se preguntó si no tendría que ir a su casa, comer y demás cosas, como el resto de los adolescentes. Apuró a comer y apenas habló. No podía negar que estaba nervioso. Cogió su mochila y empezó a rebuscar en pos de la hoja en la que apuntara los datos del trabajo. Esperaba que realmente fuera más organizada que él porque si no, iban mal.
Salió bastante antes de la hora. Su madre se ofreció en llevarlo el coche pero él se negó rotundamente. Necesitaba caminar y estirar las piernas para calmar los nervios. Al ver que llegaba más de un cuarto de hora antes, se detuvo. Pensó que debía de parecer idiota, plantado en el medio de la calle, coloradísimo pese al frío que hacía debido al viento cortante.
Antes de hacer más el ridículo se plantó frente a la casa de Lena y llamó. Le abrió el padre de la chica.
-Creo que llego algo pronto-se disculpó.
-No, mejor, así me respondes a un par de preguntas-su tono fue firme y rígido.
Lucas no consiguió evitar ponerse tenso.
-Pasa al salón.
Lucas caminó delante, vigilando ligeramente las espaldas.
-Siéntate-le señaló un sofá.
En esos momentos, Lucas podía haberse sentado sobre un cocodrilo sin haberse dado cuenta.
Le pareció que aquello una trampa, hábilmente tendida por Lena. Ella no estaba arreglada a propósito para que su padre lo descuartizara y lo metiera en un congelador. Nadie sabría que había pasado y ellos vivirían tranquilamente mientras comían estofado de carne tierna que no era de ningún animal reconocible.
Tragó saliva, esperando a que el señor Britt sacara el cuchillo. Ese momento no llegó.
-¿Vais a ir a la biblioteca?
-Sí, eso creo.
-¿La vas a acompañar a casa luego?-continuó en tono duro y sereno.
-Sí, claro.
-No me pareces mal chico pero como intentes algo raro, te cortaré en pedacitos y acabarás comido por los peces.
Los ojos de Lucas se abrieron desmesuradamente. ¡Lo sabía! Comida de humanos, comida de peces…iba a ser lo mismo.
-¡Hola!-una voz femenina y amistosa entró en escena un segundo antes de que Lucas se levantara y huyera.
-¡Señora Britt!-Lucas se levantó rápidamente mientras, por el rabillo del ojo, su amenazante interlocutor sonreía amistosamente-Encantado de volver a verla.
Ella agachó la cabeza, sorprendida por sus buenos modales,
-Lena bajará enseguida. ¿Quieres tomar algo?
-No, gracias.
Antes de que pudieran seguir hablando Lena llegó.
-Siento haber tardado.
-Técnicamente, es culpa mía por venir demasiado temprano-le enseñó su reloj, en el que todavía no habían dado las cinco.
-¿Nos vamos?-le dijo ella, un poco impaciente.
Él asintió.
-¡Hasta luego!-se despidió, dubitativo.
Hasta que no caminaron unos pasos alejándose de la casa, Lucas no se atrevió a examinar detenidamente a Lena. Llevaba puesto una malla de color negro, un jersey largo y gris y unas Converse grises. Llevaba la mochila colgada y un abrigo en el brazo derecho.
-¿Has estado alguna vez en la biblioteca?-se interesó Lena.
Él sacudió la cabeza distraído mientras observaba el perfecto alisado de Lena.
Esta comenzó a sentirse incómoda. Cogió una de las tiras de la mochila y la reguló. Apuró ligeramente el paso.
-Estuve investigando en que libros podemos mirar-le dijo, tras unos minutos.
-Siento no haber buscado nada también yo. 
Ella se encogió de hombros. Le importaba poco que Lucas no hubiera mirado nada.
Cinco minutos después estaban delante de la puerta principal de la biblioteca. La biblioteca era un gran edificio de color blanco, con ventanas tras las que se adivinaban las grandes estanterías y las mesas dedicadas al estudio.
Lena no se detuvo y entró con decisión.
-Quedémonos en la planta baja por ahora-empezó a susurrar.
Pasaron junto al mostrador de información tras el que una señora de aspecto amable los observaba.
Se acercaron a una mesa vacía y Lena dejó la mochila encima. Se sentó a la vez que colocaba el abrigo en el respaldo de la silla. Sacó una libreta con hojas llenas de apuntes y se la pasó a Lucas.
-Voy a buscar los libros-murmuró.
Lena empezó a rebuscar entre las estanterías los títulos de los libros que recordaba. Tenía cuatro cogidos cuando localizó en el estante más alto otro que necesitarían. Se puso de puntillas, tratando de alcanzarlo. Perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, golpeándose contra un cuerpo fuerte. Unos brazos robustos la sostuvieron. Empezó a ponerse colorada cuando se giró y vio a Lucas. Este sacudió la cabeza antes de que ella se disculpara y señaló el lomo de un libro.
-¿Era este el que querías?-preguntó con voz queda.
Ella asintió. Su corazón latía muy rápido. Lucas se lo dio en la mano y ella regresó a la mesa con todos aquellos libros mientras él deambulaba en busca de más.
Lena trató de serenarse. Se dijo a si misma que no había pasado nada, que solo había sido un tropiezo, que ese cosquilleo que sintió al rozar a Lucas y cuando él la miró con esos hermosos ojos azules era algo normal. Alguna vez tendría que sentir algo diferente por alguien sin que eso significara nada.
No debía significarlo y Lena lo sabía.
Lucas regresó a su lado y ella se esforzó en aparentar que estaba prestando atención a lo que leía. De repente, las letras le parecían algo insignificante comparadas con el sentimiento que la había recorrido hacía unos minutos.
Respiró hondo y su mente comenzó a despejarse muy lentamente. Lucas estaba lo suficientemente alejado para que no se sintiera demasiado confusa.
-Lena-la llamó en voz baja, consiguiendo sobresaltarla.
Acercó su silla a ella y le señaló un párrafo del libro.
-Creo que es importante.
Ella asintió.
-Cópialo en alguna hoja o algo-apenas le había prestado atención.
Se sintió mal por no concentrarse en el trabajo. Sabía que eso no era lo que Lucas esperaba de ella.
No podía dejar de observar de reojo al chico, que no parecía nervioso ni alterado. Se limitaba a leer páginas y  más páginas y copiar alguna frase o fecha.
-¿Te importa que vaya al lavabo un momento?-le preguntó, excusándose.
Él sacudió la cabeza, sin levantar la vista.
Ella se marchó, con rapidez. No notó los ojos de Lucas clavados en su espalda, su mirada preocupada por su actitud.
Giró a la derecha en la entrada. Abrió la puerta del baño que indicaba que era de mujeres y entró. Estaba vacío, mejor. Se colocó frente al espejo y se miró durante unos instantes antes de apartar la mirada. Se esforzó por respirar lentamente, relajada. Remangó las mangas de su jersey y pulsó el botón del grifo. El agua fría comenzó a manar. Se mojó las manos y se las llevó al rostro. Se restregó con fuerza, tratando de relajarse. Cogió unos papeles de un recipiente y se secó. Con cuidado, peinó su melena. Llevaba una goma del pelo en el bolsillo, ¿se hacía una coleta? No le parecía mala opción, teniendo en cuenta que pensaba emplearse al máximo en cuanto volviera a la mesa. Con rápidos ademanes se recogió su larga melena en una coleta alta. Salió del baño con decisión, sin dirigirse otra mirada más.
Lucas la esperaba golpeteando un cuaderno con su bolígrafo. Trató de ocultar su sorpresa al ver a Lena con la coleta. Su primera reacción fue pensar que estaba preciosa. La segunda, mirar su reloj de pulsera con nerviosismo.
Lena dejó de estar tranquila cuando vio que Lucas observaba su reloj. Titubeó. ¿Había pasado demasiado tiempo en el baño? ¿O Lucas querría irse? Su ceño se frunció imperceptiblemente.
-Mejor lo dejamos por hoy-le dijo, nada más sentarse.
-¿Ya?-la sorprendió con su respuesta.
-Sí, tendrás cosas que hacer…-lo dijo en tono de disculpa.
-No-la interrumpió él.
Lena no consiguió contener una risotada. Se tapó la boca con la mano, sin comprender a que se debía su ataque de risa aunque tal vez fuera a la resolución que había en la voz del muchacho al decir que no tenía nada que hacer.
-Pero supongo que tú sí-le sonrió Lucas tras unos segundos.
-Tampoco te creas…-susurró.
-¿Lo dejamos en media hora? Al fin y al cabo, es viernes-propuso.
Ella aceptó y esta vez sí que se concentró al máximo en lo que leía y apuntaba.
Los dos cuartos de hora que habían acordado se pasaron antes de lo que esperaban y ya llevaban más de tres cuando se percataron.
-¿Te encargas tú de esta parte?-preguntó Lena, señalando los datos que había apuntado en la hoja.
-Si me aclaras un poco más que tengo que buscar…-contestó Lucas.
Ella asintió y cogió una hoja de Lucas para anotar. Él la miró fijamente.
-Creo que esto es todo…De todas formas, puedes preguntarme el lunes en clase.
Lucas se esforzó en ocultar su decepción. Esperaba conseguir quedar con la chica antes de verla en el instituto. Pero aún tenía una oportunidad, se dijo para tranquilizarse.
Empezaron a recoger. Se dio cuenta de que Lena era la que más lío tenía con los papeles y la ayudó, pasándoselos. Ella le sonrió, agradecida.
Luego, devolvieron los libros a las estanterías y se marcharon.
-Voy a llamar a mi padre para decirle que hemos salido-le indicó ella, sacando el móvil de un bolsillo.
-No hace falta-dudó-Ya le dije antes que te iba a acompañar a casa.
-No quiero que me acompañes, no me voy a perder.
Él apenas contuvo una sonrisita.
-Esto me recuerda a algo…-se burló.
Lena entrecerró los puños, enfadada de que él se burlara. No le gustaba que la tomaran por tonta.
-No te enfades. Si no te acompaño, tu padre me matará.
Sonó muy serio y consiguió que Lena empezara a reír a carcajadas.
-No creo que te mate…
-Tus padres parecen muy protectores contigo-dejó caer Lucas. Ese aspecto lo había atribuido a que ella era hija única pero cada vez le parecía más sospechoso.
-Sí…Será porque soy hija única-usó la única excusa que conocía. Lucy y Annie siempre le decían que, de todas maneras, el ser hija única influía a que sus padres se preocuparan tanto por ella.
-¿Te apetece ir a tomar un helado?-le soltó Lucas, bastante nervioso.
Lena lo miró como si estuviera chiflado. Él tardó en comprender porqué lo hacía. ¡Un helado en  noviembre! ¡Un helado con el frío que hacía! ¿En qué estaba pensando al proponérselo?
-O un batido-añadió.
Lena se encogió de hombros, por cortesía y sin demasiado entusiasmo.
-Si no quieres da igual-trató de no parecer dolido.
Lena se debatía entre aceptar o rechazarlo. No le apetecía más tiempo a solas con Lucas. Se le ocurrió decirle de quedar con Lucy y Annie. Él aceptó sin protestar.
Lena llamó a su casa para avisar de que ya habían salido pero que todavía no volvían. Su madre pareció complacida y no le dijo que no.
La chica llamó a sus amigas y quedaron en verse cerca de allí. Aunque era bastante tarde, había adolescentes de su edad paseando, ya que era viernes y todavía no había llegado la temporada de exámenes.
Lena no miró a Lucas en todo el camino y él no trató de iniciar una conversación con ella.
En cuanto se encontraron con las dos jóvenes, Lena se quitó un peso de encima. Ya no tendría que fingir ser amable todo el tiempo. Podría ser ella misma, aunque fuera durante poco tiempo hasta que Lucas la acompañara a casa.
Se saludaron alegremente.
-¿Qué tal el trabajo?-preguntó Lucy mientras le guiñaba un ojo a Lena, cómplice.
Se ganó una pequeña patada en una pierna.
-Bien, ya casi lo tenemos.
-Yo no he empezado-se quejó Annie, que iba vestida completamente de negro.
-Ni yo. Ni nadie más a parte que estos pringados-bromeó Lucy.
-Sí, pues estos pringados ya lo tienen casi terminado-le dijo Lena en el mismo tono.
Annie entrecerró los ojos y miré el reloj.
-Venga, vamos ya, que en un rato tengo que ir a casa-apuró.
-¿A dónde vamos?-les preguntó Lucas.
-A tomar algo caliente, que yo me estoy congelando-le respondió Annie.
Él asintió. Entraron en la primera cafetería que vieron y se sentaron. Tuvieron suerte y a esas horas ya no había nadie, por lo que los atendieron con rapidez. Lena pidió un té con leche, Annie un café con leche, Lucy un cacao y Lucas las sorprendió a todas al pedir una Pepsi fría. Lo miraron, escépticas.
-No hace tanto frío-se defendió.
Estuvieron un rato hablando de temas sin demasiada importancia pero la conversación se vio interrumpida por un teléfono que sonaba. Annie contestó y al instante dejó de reír. En cuanto colgó, miró a sus amigos en tono de disculpa.
-Era mi madre. Como no aparezca por casa en cinco minutos, os podéis despedir de mí. Ya tengo el testamento hecho no os preocupéis-rió.
Se levantaron y pagaron.
-¿Os apetece quedar mañana e ir a cenar una pizza?
Annie aceptó y Lucas también. Lena dudó. Tras las quejas de sus amigas, diciéndole que no podía faltar, cedió.
-Mañana os llamo-concluyó Lucy a modo de despedida.
Lucas y Lena se marcharon. Él estaba contento de volver a verla al día siguiente. Ella, enojada. No quería seguir teniendo trato con aquel joven después de lo de esa tarde.
-Al final tu padre no me matará-dijo Lucas tratando de romper el silencio.
Lena tosió.
-Bueno, si es que llegamos enteros hasta tu casa-sonrió.
En la oscuridad, su sonrisa pareció más luminosa que durante el día.
Lucas aprovechaba los momentos en los que pasaban junto a las farolas para observar el rostro de su acompañante. No parecía demasiado contenta con su compañía. Estuvo a punto de preguntarle qué estaba haciendo mal, qué la molestaba tanto. Se contuvo a tiempo.
Lena se estremeció de frío.
-No sé como antes has podido tomar el refresco con hielo, de verdad-le dijo en voz baja.
Él río pero no respondió.
-¿No serás un vampiro o algo así?-bromeó Lena.
-No te preocupes, soy perfectamente normal-usó un tono tranquilizador a propósito.
Dos minutos más tarde estaban delante de la casa de Lena. Esta sacó las llaves y abrió. Se hizo a un lado y lo invitó a pasar.
-Para que recuperes tu buena reputación ante mi padre-explicó con una sonrisa ante la expresión confusa del rostro del chico.
-¡Mamá! ¡Papá! ¡Hemos llegado!-saludó Lena, alzando la voz.
Su padre se acercó al recibidor y a Lucas no se le escapó la mirada de arriba abajo que dirigió a su hija antes de mirarlo a él con aprobación. Había superado la primera prueba.
-¿Ya tenéis todo el trabajo terminado?-se interesó.
-Casi-explicó la muchacha con una sonrisa.
-Yo…tengo que irme-susurró Lucas, cohibido-Me están esperando en casa.
-Nos vemos mañana-se despidió Lena.
-Espera-lo detuvo el padre de Lena, consiguiendo sobresaltarlo-¿Quieres que te lleve en coche?
-No se moleste, señor Britt, llegaré enseguida.
-Venga, espera un segundo que busco las llaves…
-No, de verdad-sin darle tiempo a más y para mostrar su decisión salió un poco a la puerta.
-Está bien-renunció el padre de Lena-Hasta otra-había dudado en decirle hasta mañana.
Lucas caminó a paso rápido y llegó a su casa, donde contestó a un par de preguntas sobre lo que había hecho y cenó, para irse a la cama enseguida. Estaba agotado.
Mientras tanto, Lena explicó a sus padres la información que habían seleccionado y que iba a quedar mañana con sus amigas y Lucas para ir a cenar. Sus padres se mostraron alegres.
Lena se acostó al cabo de un rato y cogió el libro que reposaba en la mesilla. Tras unas líneas lo cerró bruscamente. No era capaz de concentrarse. Alguna maléfica parte de su cerebro se esforzaba en recordarle constantemente su roce con Lucas y todo lo que había sentido.